{"id":3052,"date":"2024-03-06T01:52:01","date_gmt":"2024-03-06T01:52:01","guid":{"rendered":"https:\/\/reflexionando.org\/?p=3052"},"modified":"2024-03-08T00:35:54","modified_gmt":"2024-03-08T00:35:54","slug":"ahondando-en-el-misterio-eucaristico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reflexionando.org\/index.php\/2024\/03\/06\/ahondando-en-el-misterio-eucaristico\/","title":{"rendered":"Ahondando en el misterio Eucar\u00edstico"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"3052\" class=\"elementor elementor-3052\" data-elementor-settings=\"{&quot;ha_cmc_init_switcher&quot;:&quot;no&quot;}\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-66f49c12 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"66f49c12\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\" data-settings=\"{&quot;_ha_eqh_enable&quot;:false}\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-6390d301 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"6390d301\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b style=\"color: var( --e-global-color-text ); font-family: var( --e-global-typography-text-font-family ), Sans-serif; text-align: var(--text-align); letter-spacing: 0px;\"><span lang=\"ES-EC\" style=\"font-size: 20.0pt; line-height: 115%; font-family: 'Arial',sans-serif; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-theme-font: minor-latin; mso-ansi-language: ES-EC; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA;\"><strong>Ahondando en el misterio Eucar\u00edstico<\/strong><\/span><\/b><\/p>\n<p>Las nociones que aprendimos en el catecismo y que con esfuerzo grabamos en nuestra mente y en nuestro coraz\u00f3n cuando nos prepar\u00e1bamos a recibir el sacramento de la comuni\u00f3n, son generalmente muy elementales y b\u00e1sicas, aunque suficientes para la inolvidable circunstancia de recibir a Jes\u00fas-Hostia por la primera vez. Pero a lo largo de la vida, la formaci\u00f3n y la praxis cristiana van exigiendo profundizaciones mayores.<\/p>\n<p>Es oportuno, pues, meditar con detenimiento en uno de los principales temas de nuestra fe que es el misterio Eucar\u00edstico. Y hacerlo de una manera esquem\u00e1tica que ayude a sistematizar y a gravar en nosotros lo que se medita. Es lo que pretendemos con esta breve reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>*\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *<\/strong><\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda \u2013palabra que, como se sabe, deriva del griego y significa \u201cacci\u00f3n de gracias\u201d- puede ser concebida en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y en otra que podemos llamar mist\u00e9rica. \u00bfC\u00f3mo se da en la historia y c\u00f3mo ahondar en su propia esencia?<\/p>\n<ol>\n<li><strong>I)<\/strong> En lo que se refiere a su historia, ella se forja en el tiempo a trav\u00e9s de tres etapas:<\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li>La primera es como <strong>figura<\/strong> y sucede en el Antiguo Testamento.<\/li>\n<li>La segunda es como <strong>acontecimiento<\/strong> y se realiza en el Nuevo Testamento.<\/li>\n<li>Y la \u00faltima se celebra como <strong>sacramento<\/strong> y se da en la vida de la Iglesia.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Son <strong>figura<\/strong> (o prefigura) de la Eucarist\u00eda la Pascua jud\u00eda y el man\u00e1 del desierto. Tambi\u00e9n los sacrificios de Abel, de Abrah\u00e1n y de Melquisedec. En realidad, todo el Antiguo Testamento vive en tensi\u00f3n en funci\u00f3n de la venida de Cristo, especialmente del cumplimiento de las promesas mesi\u00e1nicas que alcanzan su auge en los misterios celebrados en el Triduo Pascual.<\/p>\n<p>El <strong>acontecimiento<\/strong> eucar\u00edstico se da en la \u00daltima Cena, como manifestaci\u00f3n del excesivo amor de Cristo que \u201c<em>habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am\u00f3 hasta el extremo<\/em>\u201d (Jn. 13,1). El jueves santo, el Se\u00f1or ofrecer\u00e1 de forma incruenta su cuerpo \u201c<em>que ser\u00e1 entregado<\/em>\u201d y su sangre \u201c<em>que ser\u00e1 derramada<\/em>\u201d. Al d\u00eda siguiente, en el Calvario, la oferta ser\u00e1 tr\u00e1gicamente cruenta. En el Cen\u00e1culo el Se\u00f1or instituye el sacerdocio ministerial, precisamente para perpetuar el misterio redentor.<\/p>\n<p>Por fin, el <strong>sacramento<\/strong> eucar\u00edstico celebra el infinito amor de Dios que se da como alimento de vida eterna. Llamamos a la Eucarist\u00eda el \u201csacramento por excelencia\u201d, puesto que contiene al propio Cristo, fuente y meta de todo bien natural y sobrenatural. Nada puede superar a la Eucarist\u00eda que perpet\u00faa la presencia de Cristo hasta el fin de los tiempos.<\/p>\n<ol>\n<li><strong>II)<\/strong> Por su vez, la Eucarist\u00eda tiene una triple dimensi\u00f3n que es necesario considerar para penetrar en su divina esencia. Ella es:<\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li><strong>Presencia<\/strong><\/li>\n<li><strong>Banquete<\/strong><\/li>\n<li><strong>Sacrificio.<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>Presencia<\/strong>: El pan y el vino ofrecidos en la Misa, en virtud de las palabras de la f\u00f3rmula de la consagraci\u00f3n pronunciadas por el sacerdote, se transubstancian en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jes\u00fas. A partir de ese momento, es el propio Cristo que se hace presente sobre el altar, como presente est\u00e1 en todos los sagrarios de la tierra, en raz\u00f3n de la misma consagraci\u00f3n operada sobre las especies derivadas del trigo y de la uva. \u00bfPresencia de Cristo como en Bel\u00e9n, en Galilea, en el Tabor o en al Calvario? No precisamente. Presencia de Cristo enriquecida con la calidad de un cuerpo glorioso y resucitado, puesto que Jes\u00fas, habiendo resurgido de entre los muertos, pasa a estar, bajo las apariencias de pan y de vino, con su cuerpo glorificado, tal cual est\u00e1 ahora a la derecha del Padre. La Eucarist\u00eda no es su divino cuerpo padeciente, llagado o muerto. Es su cuerpo resplandeciente despu\u00e9s del triunfo de la resurrecci\u00f3n. As\u00ed, triunfante, est\u00e1 en la Hostia consagrada.<\/p>\n<p>Esa presencia divina y gloriosa, es la que explica el prodigio de que tantos hombres y mujeres se rindan ante el tabern\u00e1culo o el ostensorio en actitud reverente y adorante: \u00a1Ecce panis angelorum! Ah\u00ed est\u00e1n las falanges de la adoraci\u00f3n perpetua, de la adoraci\u00f3n nocturna, de las cuarenta horas, de las vigilias ante el Divino Sacramento, de las solemnidades del Corpus, de tantas otras devociones eucar\u00edsticas.<\/p>\n<p><strong>Banquete<\/strong>: Adem\u00e1s de presencia real, el Se\u00f1or es comida, es alimento, es \u201c<em>pan de vida<\/em>\u201d (Jn, 6-35). No se qued\u00f3 en la Eucarist\u00eda tan solo para que lo adoremos: se qued\u00f3 para que lo comamos, para que lo recibamos y nos alimentemos y curemos de nuestras miserias con este Divino remedio. \u201c<em>Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00eda<\/em>\u201d (Jn. 6, 51-58) dijo Jes\u00fas. Este alimento bendito es prenda de resurrecci\u00f3n y de vida eterna. \u00bfC\u00f3mo no aproximarse a esta Mesa?<\/p>\n<p>Si nuestras disposiciones para recibir el Cuerpo de Cristo piden una reconciliaci\u00f3n con \u00c9l a trav\u00e9s de la confesi\u00f3n sacramental, no tardemos en ponernos en paz con Dios para correr presurosos al banquete vestidos con las nobles ropas del arrepentimiento, de la penitencia y del prop\u00f3sito de enmienda. Toda adoraci\u00f3n eucar\u00edstica encuentra su \u00e1pice en el momento de la comuni\u00f3n sacramental, cuando el Divino M\u00e9dico viene a nuestro pecho para transformarnos y hacer posible aquello de que \u201c<em>no soy yo quine vivo mas es Cristo que vive en mi<\/em>\u201d (Gal. 2, 20).<\/p>\n<p><strong>Sacrificio:<\/strong> La Eucarist\u00eda es el memorial del sacrificio del Calvario. Memorial que no solo, ni principalmente, lo recuerda, sino que lo actualiza sobre el altar. Lo \u201cre-presenta\u201d, en el sentido propio del t\u00e9rmino, es decir, lo hace presente una vez m\u00e1s. Pero no como una figuraci\u00f3n, m\u00e1s o menos como lo es una obra de teatro que se hace en un escenario y que se vive como espect\u00e1culo evocativo. No. En la Eucarist\u00eda, se realiza el mism\u00edsimo sacrificio redentor de la Cruz. Es verdad que Cristo muri\u00f3 una sola vez; la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica no le hace morir de nuevo ni tampoco le hace sufrir. \u00c9l ya padeci\u00f3, ya se inmol\u00f3, ya triunf\u00f3. Entretanto, sobre el altar, \u00c9l perpet\u00faa su inmolaci\u00f3n en el tiempo de manera real aunque misteriosa, actualizando su sacrificio y aplicando sus m\u00e9ritos, seg\u00fan a las disposiciones e intenciones del sacerdote y de la asamblea. \u201c<em>Cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta de esta sangre, anunciamos tu muerte Se\u00f1or hasta que vuelvas<\/em>\u201d dice un texto de la Misa. Anunciar su muerte es actualizar el sacrificio seg\u00fan el mandato hecho a los Ap\u00f3stoles: \u201c<em>Haced esto en memoria m\u00eda<\/em>\u201d (Lc. 22, 19). \u201cEsto\u201d, es el pan partido y la sangre vertida, es decir, el sacrificio redentor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00c9l es la V\u00edctima que se inmola, el Sacerdote oferente, el altar propiaciatorio que, como en la cruz, se ofrece al Padre. El sacerdote opera \u201c<strong><em>in persona christi<\/em><\/strong>\u201d es decir, como otro Cristo. O, mejor, es Cristo quien opera por las manos, la laringe y los gestos lit\u00fargicos del ministro sacerdote.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda es entonces la presencia real y substancial del propio Cristo que se ofrece al Padre como V\u00edctima y se da a los fieles como alimento. \u00bfQu\u00e9 puede haber de mayor o de mejor?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Considerar estos datos que hemos ponderado y meditado, hace m\u00e1s conciente y fructuosa nuestra adoraci\u00f3n al Se\u00f1or, nuestra participaci\u00f3n en la liturgia de la Misa y nuestras comuniones eucar\u00edsticas. Conocer y vivir estas triples dimensiones de la Eucarist\u00eda constituye el ideal cristiano aqu\u00ed en la tierra. Ya en la eternidad veremos a Dios tal cual es y seremos plenamente saciados de la felicidad de su presencia. Para esa llegar a esa meta anhelada, en las duras fatigas de la ruta, nos restaura y vivifica el Pan del camino.<\/p>\n<p>Asunci\u00f3n -Paraguay-, Abril de 2010.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">P. Rafael Ibarguren EP<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ahondando en el misterio Eucar\u00edstico Las nociones que aprendimos en el catecismo y que con esfuerzo grabamos en nuestra mente y en nuestro coraz\u00f3n cuando nos prepar\u00e1bamos a recibir el sacramento de la comuni\u00f3n, son generalmente muy elementales y b\u00e1sicas, aunque suficientes para la inolvidable circunstancia de recibir a Jes\u00fas-Hostia por la primera vez. 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