ANSIEDAD vs. ESPERANZA: ENFRENTAMIENTO EN LOS DÍAS DE HOY

ANSIEDAD vs. ESPERANZA:

ENFRENTAMIENTO

EN LOS DÍAS DE HOY

 

Los tiempos que vivimos nos traen,

a todo momento, amenazas nuevas.

Los cambios en las formas de vivir

están repercutiendo

en la salud mental de las personas,

al encontrarse inmersos

en una crisis sin precedentes.

Se va imponiendo un cambio de situación y de vida como nunca había ocurrido en otros tiempos. El demonio – es bueno decirlo mismo para los no creyentes -, busca, como una de sus destacadas metas, quitar la esperanza. Se fueron los tiempos de la pandemia del Covid19, pero…otras “pandemias” continúan amenazando al mundo todo.

Año tras año se vienen presenciando amenazas nuevas. Los especialistas, investigando, van considerando situaciones nuevas. Observan que los rigurosos cambios de formas de vida están repercutiendo en la salud mental de las personas, al encontrarse inmersos en una crisis que parece sin salida. Situación que va dejando secuelas, un impacto negativo en el equilibrio psicológico y social, en concreto en la salud mental en un número cada vez mayor de personas, con mayor efecto en mujeres que en hombres.

Lo cotidiano sufrió, y sufre, un cambio radical. La relación social y la inestabilidad económica – con la precariedad laboral – están produciendo reacciones emocionales como depresión, ansiedad, estrés, que llevan a desesperos, angustias, insomnio. Adultos, jóvenes, niños, están padeciendo sus efectos, ocasionando un cansancio en las personas.

La dificultad de controlar las preocupaciones, principalmente por ansiedad, aflorando inquietudes, fatigas, dificultad de concentrarse, irritabilidad, hasta tensión muscular, problemas de sueño, pudiendo llegar a una crisis de pánico, sensación de enloquecer o de morir, y peor  aún, el no querer vivir más…

Dentro de este panorama, una huella enorme va dejando, especialmente en niños y preadolescentes que, sumergidos en lo tecnológico de forma prematura, entran en un contexto de aislamiento sin jugar ni socializar, perdiendo, en mucho, sus habilidades sociales. Se va desarrollando una generación que, en medio de esa dicotomía virtual y presencial, ya no saben lo que es “real”.  

Va apareciendo otra “pandemia”, la de los trastornos mentales. Una sensación de anormalidad, pues se ha está cambiado radicalmente la forma de trabajar, de socializar, de entretenerse, de convivir.  Y más grave aún: el futuro se presenta incierto. Aparecen los miedos, la desesperanza.

En manos de buenos especialistas, sean psicólogos o psiquiatras, queda la seria tarea. Sin ánimo de desmerecer este loable trabajo, mismo tomando las pastillas que les puedan recetar, es preciso dar ánimo. ¿Cómo?

Se está dando – y se dará con más turbulencia – el enfrentamiento entre la ansiedad y la esperanza.

Dios nunca nos abandona, por peores que sean las circunstancias que estemos viviendo. Dios ama a aquellos que abren sus oídos para las voces que vienen de lo Alto y los cierran para las voces que vienen del mundo. Porque Él trae a la tierra la esperanza, que muchos están perdiendo. Él trae a la tierra el camino que nos conducirá a todos al Cielo.

Santa y piadosa debe de ser nuestra conducta. San Pedro, el primer Papa, nos invita a la espera de: “unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2Pe 3, 13-14). Será esto lo que nos alimente en nuestra esperanza y nos apunte el camino de la salvación.

Debemos entonces luchar para que la tierra se llene de esperanza. Que, en medio del caos moderno, se pueda ver la solución para cualquier crisis. No nos entreguemos a la ansiedad ni a los miedos. Se presentan ante los hombres dos caminos: o perder la confianza en Dios y ser arrastrados por la invitación hecha por el demonio, el mundo y la carne, o entrar en el camino de la fe, de la esperanza y de la caridad para con Él.

Sepamos elegir. Entremos en la barca de Nuestro Señor Jesucristo, la Santa Iglesia Católica, cuyo Divino Capitán sabe enfrentar todas las tempestades y veremos las maravillas prometidas – para nuestros días – por la Virgen en Fátima: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará” y… el “mundo viejo” desaparecer.

San Salvador, 6 de enero de 2026.

 

P. Fernando Gioia, EP

Heraldos del Evangelio